No es material de celebraciones

Mario Quevedo, en Cantabricus

A muchas personas les gusta celebrar cosas rodeadas de flores; no cuento nada nuevo. En cambio sí es nuevo para mi que se haya puesto de moda casarse bajo Plumeros de la Pampa. Y ya sabéis, la moda en manos del individuo alcanza a menudo categoría de religión.

Cortaderia selloana y sus espigas

Cortaderia selloana, el Plumero de la Pampa, es una especie alóctona en Europa. Eso no tiene per se nada de especial; los de Gijón somos alóctonos en Logroño y aun así nos sirven vino. Sin embargo, resulta que Cortaderia es además invasora: forma poblaciones fuera del contexto de jardinería del que proviene en Europa. Eso quiere decir que es capaz de establecerse en lugares en los que previamente se establecían plantas locales. Esencialmente eso preocupa porque tiende a reducir la riqueza de especies de plantas, pudiendo incluso provocar la extinción local de alguna.

Como muchas plantas invasoras, es una especie que se dispersa fácil y lejos, buena colonizadora de esos hábitats roturados por obras y manejos varios. Precisamente su plumero es el instrumento de dispersión, moldeado por la evolución para producir cantidades ingentes de semillas ligeras, que el viento llevará cerca y lejos.

Cuanto más lejos, menor probabilidad de asentamiento de la especie invasora. Cuanta más cobertura vegetal local, menor probabilidad de asentamiento de la especie invasora. Cuanta menos roturación y segadora, ídem. Por favor, no metáis bodas y celebraciones en el lote de “más probabilidad de asentamiento de la especie invasora”.

Y si no es por simple sensibilidad, que sea por respeto a las reglas del juego; esas que se publican en el BOE.

Notas, referencias:
[1] El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha publicado un libro de acceso libre sobre invasiones biológicas (enlace al final de esa página). Uno de los ejemplos o casos de estudio es Cortaderia en la Cornisa Cantábrica.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , | 3 comentarios

No mentéis biodiversidad en vano

No hace mucho asistíamos en Asturies, epicentro del norte donde nada está claro, a la enésima reedición de la discusión “qué hábitat es más diverso”. Concretamente la polémica giró alrededor de los “prados de siega”, y su “biodiversidad”.

Las comillas se deben a que ambos conceptos contienen mucho más de lo que enseñan.

No, digo mal. En realidad no leí nada sobre la riqueza de especies propia de ningún hábitat. Tampoco leí nada concreto sobre la especial historia natural de lo discutido. Solo el típico atajo de que hay que conservar un hábitat fruto del manejo – es decir de perturbaciones antrópicas frecuentes – porque es “muy biodiverso”. En este caso las amenazas a ese hábitat tan biodiverso no parecían venir de la disrupción climática, ni de los modelos socio-económicos adversos; venían como manda la tradición astur de la maleza, que se come la bueneza. Ese ese un pensamiento muy normal, de esos que a nada que te descuides te dejan en el extremo de la distribución. Te dejan radical.

Es este un tema recurrente en el Norte, al menos. Y no lo vamos a cambiar fácilmente. Hace ya bien de años, me invitaban a dar una charla en una reunión de bichólogos, en un espacio protegido. La charla tenía que ser una especie de presentación de lo que dichos bichólogos podrían esperar de los hábitats del espacio protegido. Pero como yo daba la charla en modo “difusión por amistad, gracias”, hablé de más cosas. El caso es que uno de los asistentes, si no recuerdo mal responsable de conservación en la administración astur, me dijo aquello de que “lo que está en peligro son los praos, no los bosques”. Y me lo dijo seguramente convencido de que no había oído nunca el argumento, y necesitaba una epifanía que me bajase de la dichosa torre de marfil. Y me lo dijo tras mostrar en mi charla la magra cobertura forestal remanente en el espacio protegido.

Dejo a continuación, y que los gurús del copirrait me perdonen, una tabla que resume lo que sabemos colectivamente (i.e., ciencia) sobre la dinámica de los ecosistemas, ese proceso de cambio constante de los hábitats naturales que en ecología llamamos sucesión. Es verdad que también hace bien de años un presunto y conocido zoólogo comentó un texto mio con algo como “eso de la sucesión está muy superao, ¿no?”. Sí, casi tanto como “evolución”, al parecer.

Después de repasar eso que sabemos colectivamente podemos volver a discutir sobre riqueza de especies. Biodiversidad es un concierto demasiado vago para ser útil. Podemos discutir sobre sucesión ecológica, hábitats primarios, secundarios, fases tardías, tempranas. Podemos discutir si, quizás, la supresión de ciertas perturbaciones naturales conlleva que determinados hábitats sean más raros de lo esperable. Incluso podemos volver a pedir que las administraciones se ocupen de medir y seguir en el tiempo esa riqueza de especies. Digo, para tener algo que discutir al salir del chigre.

Nada más lejos de mi intención que añadir problemas a los hábitats secundarios o paisajes culturales que tantos quieren (queremos) conservar. Bastaría con llamar a las cosas por su nombre, y decir que los queremos conservar porque nos gustan, porque nos pagan, o porque nos da la gana. En ese caso discreparemos a veces sobre la oportunidad de insistir o no en esa conservación. Pero no mentaríamos diversidad de especies en vano, evitando así contribuir a la apabullante desinformación que nos rodea.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , | 5 comentarios

El bosque de Notre-Dame, y las restauraciones

Si a 18 de abril de 2019 no eres consciente de que Notre-Dame de París ha ardido, respeto; cierto es que almas capaces de resistir la marea de desinformación de nuestros días no pasarán por este blog de provincias a recolectarlo. Todos los demás seremos ya conscientes del incendio que ha transformado la materia orgánica de la cubierta del fantástico templo en cantidades ingentes de CO2, gases nitrogenados y sulfurosos, y partículas cuasi-minerales.

Como muchos, lamento el suceso, tanto colectiva- como personalmente. Lo colectivo porque parece que el edificio es un símbolo de significado diverso para mucha gente de bien. Lo individual, porque nunca veré la Notre-Dame como estaba antes del incendio, ni podré juzgar la utilidad y pertinencia de su bosque.

Leía la mañana en la que Notre-Dame amaneció cambiada que el entramado de madera que la cubría estaba hecho de tantas vigas de roble que lo conocían como “el bosque”. Leía también declaraciones diversas, especialmente las del Presidente Macron, en la línea de “la restauraremos completamente”, “la dejaremos incluso más bella y majestuosa”. Y a partir de esas lecturas se me cuela inquietud por la falta de suficiente percepción, y por la permanente arrogancia. Versión corta: ya no tienes el bosque vivo necesario. Ya no tienes robles como los que se talaron para Notre-Dame, y para otras muchas cosas.

Quisiera equivocarme, pero no quedan bosques de madera dura que pudieran reemplazar las vigas necesarias para una estructura semejante. La sustitución de hábitats primarios – e.g. bosques – por secundarios no se limitó en Europa al siglo XIII, sino que continua hasta nuestros días. Cierto es que algunos ecosistemas mantienen últimamente la extensión a que los redujeron los tiempos de explotación inconsciente, cierto es también que en otros continua la destrucción. Especialmente en aquellos lejos de los que discutimos Notre-Dame (figura 4.4 del texto enlazado).

O quizás me equivoque también porque aunque sí quedan grandes árboles tropicales, seguramente menos robustos que aquellos robles pero mucho más altos, la mentalidad actual no aceptaría que fueran talados para cubrir un templo. Y no lo aceptaría porque a diferencia del siglo XIII hoy sabemos que la madera es un recurso renovable, pero los bosque no. Al menos ni tu ni yo ni mis descendientes directos veríamos renovados los bosques talados hoy

No tengo mayor duda de que el nivel de desarrollo del diseño y tecnología arquitectónicos permite plantear soluciones viables a la restauración de Notre-Dame, sin implicar robles o sus subrogados tropicales. Y por ahí se me coló antes el duro término “arrogancia”. Si bien supongo que es posible sustituir una cubierta masiva de madera por una de metal, aleación, o piedra, no es posible hacerlo sin extraer primero cualquiera de los recursos que componen esos materiales, todos ellos no renovables salvo las ingentes cantidades de agua necesaria para su fabricación.

¿Seguro que es buena idea pensar en una Notre-Dame “más majestuosa”? ¿Qué nivel de restauración sería el apropiado para un edificio icónico de la arquitectura europea? Cada uno tendrá aquí una opinión o, mejor aún, la alcanzará tras conocer y ponderar los beneficios y los costes colectivos. Dada la época que nos toca, deberíamos reclamar que la decisión se tome tras considerar la mejor información disponible, no solo la capacidad económica proporcionada por la propaganda.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , | 1 Comentario

Qué esperamos de la gestión del urogallo

Mario Quevedo, en Cantabricus

Habrá probablemente múltiples aproximaciones a la cuestión planteada en el título. El próximo sábado 27 de octubre, en Avilés, tenemos un rato para hablar de la aproximación que buscamos personas interesadas en la conservación de la naturaleza. El marco: el Conceyu Medioambiental Cantábrico, impulsado por la PDCC.

No tendremos mucho tiempo, y menos para un tema que dista de ser simple. Por esa razón el planteamiento de uso de ese tiempo será una muy breve introducción a lo que sabemos de los urogallos cantábricos, porque lo que sabemos es una referencia menos lábil que lo que creemos, o anhelamos. Y a partir de ahí, a charlar. La participación es libre, dentro del marco de la pregunta planteada: qué esperamos de la gestión del problema de conservación de los urogallos en el norte de España.

Por lo demás, y como puedes comprobar en el programa, hay bastantes más temas sobre los que merece la pena concretar que sabemos, y qué pensamos hacer con el saber. Habrá que juntarse más veces, claro. Aquelarre.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , ,