Qué esperamos de la gestión del urogallo

Mario Quevedo, en Cantabricus

Habrá probablemente múltiples aproximaciones a la cuestión planteada en el título. El próximo sábado 27 de octubre, en Avilés, tenemos un rato para hablar de la aproximación que buscamos personas interesadas en la conservación de la naturaleza. El marco: el Conceyu Medioambiental Cantábrico, impulsado por la PDCC.

No tendremos mucho tiempo, y menos para un tema que dista de ser simple. Por esa razón el planteamiento de uso de ese tiempo será una muy breve introducción a lo que sabemos de los urogallos cantábricos, porque lo que sabemos es una referencia menos lábil que lo que creemos, o anhelamos. Y a partir de ahí, a charlar. La participación es libre, dentro del marco de la pregunta planteada: qué esperamos de la gestión del problema de conservación de los urogallos en el norte de España.

Por lo demás, y como puedes comprobar en el programa, hay bastantes más temas sobre los que merece la pena concretar que sabemos, y qué pensamos hacer con el saber. Habrá que juntarse más veces, claro. Aquelarre.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , ,

Como toda la vida

Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 4 min

El título de la entrada, o cualquier variación del mismo, es una forma habitual de expresar preferencia por maneras históricas de vivir, de comer, o incluso de alcanzar el equilibrio físico con el medio. Un arroz con bugre de los de toda la vida. Beber leche como toda la vida, etc.

“Como toda la vida” no existe.

No, no tengo problema alguno con algunas formas históricas de hacer las cosas, como no lo tendré con algunas no desarrolladas todavía. Algunas, digo, que el homicidio es de toda la vida, tradicional en muchos ámbitos. El problema con esto “de toda la vida” es que llama a engaño, de muchas formas. Una de ellas está conectada con otro término muy extendido hoy en día: sostenibilidad.

A ver si me explico con una gráfica prestada. Para esta última, me parecen particularmente útiles los datos de demografía humana de Naciones Unidas, referencia muy útil para discutir numéricamente de donde venimos, y dónde vamos. Numéricamente desde el punto de vista ecológico, claro; contando individuos. Para otras aproximaciones, Producto Interior Bruto, Índice Bruto de Felicidad, etc.

La imagen muestra datos, y predicciones. El eje vertical, el de la Y, dice “population (billion)”. En español diríamos miles de millones, no billones. Pero no es el número absoluto de humanos lo que más me interesa aquí; ahora vuelvo a eso. El eje horizontal, el de la X, muestra años desde 1950, y hasta 2100. Ese eje es el que separa los datos de los modelos y las predicciones. El punto de ruptura es 2017: sabemos cuanta gente había hasta el año pasado, sabemos como cambió la población hasta ese momento, y a partir de ahí, y desde 2017, predecimos lo que puede deparar el futuro. Claro que esto es técnica, no esoterismo ni profecía. Por eso de 2017 hacia el futuro florecen líneas en el gráfico, reflejando la incertidumbre. Cada línea representa un escenario concreto, cada uno más probable cuanto más próximo a la línea roja gordita, central.

Sitúate por favor en la gráfica, entre 1950 y 2020. Observa como las guías horizontales que salen del eje Y, el de población, son cortadas por la línea negra con un determinado ángulo. Ese ángulo es la pendiente de la curva, e indica cuanto cambia la variable Y (miles de millones de Homo sapiens) por cada cada cambio de X (años desde 1950). Podríamos medir con precisión ese ángulo, esa pendiente, pero creo que basta con observar que es bastante mayor que 0. Si tuviéramos que subir en bici por esa cuesta, andaríamos la mayoría “subiendo piñones” y, eventualmente, cogiendo un bus. Ese ángulo, esa pendiente, es mi pivote en esta entrada.

No existe “como toda la vida” mientras el ángulo de cambio poblacional humano sea mayor que cero. Cada año que pasa, lo de toda la vida debe soportar más humanos que el anterior. Si dejáramos todas las demás variables quietas, constantes, podríamos quizás hablar de hacer lo de toda la vida si el ángulo de la curva fuera aproximadamente igual a 0. Un ejemplo: recuerdo hace unos años una conversación casual al pié de un arroyo, en Caso, municipio del Oriente de Asturias, y en la vertiente Norte de la Cordillera Cantábrica. No recuerdo con precisión, ni hace falta, el contexto, pero alguien protestaba porque no se podían coger truchas como toda la vida se hizo (en cursiva la expresión literal). Como toda la vida había hecho aquella persona, se entiende, seguramente similar al toda la vida de los de su generación y origen geográfico. Sin entrar en cambios normativos, la combinación de pescar “como toda la vida” con la empinada cuesta demográfica humana implicaría – y está implicando – acabar con las truchas, y dejar sin lo de toda la vida a los futuros.

Diríamos en la cháchara de los tiempos que esa pesca no es sostenible, por mucho que sea de toda la vida.

Nada es simple cuando tratamos los cambios de la población humana, los efectos de esos cambios sobre el ambiente, y sobre la propia calidad de vida de humanos allí y aquí. Hay diversos matices importantes de cara a precisar el origen de los problemas y proponer soluciones. Uno, el incremento del consumo individual, eso de “la huella ecológica”, en muchos aspectos más problemático que el incremento de la población. Otro, la naturaleza del acto al que nos referimos con toda la vida: sacar truchas del río y manzanas de la pomarada son conceptos estables; las formas de hacerlo no lo son, y cambian hacia mayor eficiencia, mayor intensificación.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , ,

Conservación, preservación

Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 5 min

Hace unas semanas me invitaron a hablar de biología de la conservación, con carta blanca para darle el enfoque que me pareciese. O al menos cogí la carta blanca primero, y el vino después, que no sabes lo que te tocará mañana. Y puestos a hablar, traté de contar en qué consiste la biología de la conservación, de qué se ocupa. Salieron por tanto las poblaciones pequeñas, y sus primas las poblaciones en declive; salió la importancia de la mala suerte demográfica, ambiental, y genética, en el contexto de la probabilidad de extinción; y seguro que salieron fragmentación y pérdida de hábitats.

Quizás pueda parecer obvio de que hablamos aquella tarde. Y escribo condicional porque como uno se ponga, le podría sacar punta a cualquiera de los conceptos anteriores; o lo que es lo mismo, montar una agria discusión con amigos y conocidos a ver quién lo tiene más claro, quién es más conservacionista. “Perdida de hábitats”, por ejemplo, no es una idea fácil. A no ser que te pase como a Kilauea, y un volcán te pavimente la reserva natural de la noche a la mañana sin licencia municipal de obra, eso de perder hábitat queda difuso, y merece ser precisado hacia “pérdida de hábitats primarios”. Si te cepillas la mitad de los árboles de una ladera pierdes un tipo de hábitat, te quedas con otro. O, mejor dicho, si te lo cepillas, dejas a las gentes a las que les importa esto de los hábitats con otro, sinvergüenza.

Si tengo ocasión, si me vuelven a dar atril, igual hablo de lo que no es estrictamente conservación, aunque se incluya a veces en el refrito de disciplinas científicas y humanidades que forman eso de “conservación de la naturaleza”, o “ciencias de la conservación”. Un banco de germoplasma no es conservación. Un “paisaje natural protegido” no es conservación, ni paisaje natural. Ambos son preservación.

Como la lata esa de melva canutera, en aceite de oliva.

No tengo intención alguna de restarle valor a la preservación; solo le doy aquí importancia a los términos, para entendernos mejor y, puestos a discutir, hacerlo con más precisión.

Si la intención es conservar la naturaleza, en lugar de preservarla en un estado concreto, habrá que tener en cuenta que no es estática1. El paisaje que vemos es una foto fija de un ecosistema, en el que están fluyendo el carbono, el nitrógeno, el fósforo y otros minerales, y en el que están interaccionando poblaciones de distintas especies a través de la competencia, la predación, el mutualismo, la facilitación. Aquello de que no ves el mismo río dos veces, pero algo más despacio en sistemas terrestres. Si quieres proteger el paisaje, esa foto fija, tendrás que contrarrestar con manejo la naturaleza dinámica de los ecosistemas subyacentes; tendrás que parar el vídeo para seguir capturando pantallazos.

En Europa quedan pocos hábitats primarios. En un continente de naturaleza esencialmente forestal desde el final del último periodo glacial, la inmensa mayoría de lo que tenemos, en el mejor de los casos, son bosques jóvenes2. Ves, otro término resbaladizo. Mejor sería decir bosques con estructura propia de estadios tempranos de un ecosistema forestal, en los que la mayor parte de los individuos son jóvenes: altos, estirados, sin arrugas, sin bultos, sin deformaciones ni cicatrices. Jóvenes. La explotación histórica de los bosques nos dejó sin bosques primarios, aunque tenemos hábitat forestal.

¿Conservamos los bosques, o los preservamos en su estructura actual? Llevando la disyuntiva a versiones más encontradas, ¿conservamos el ecosistema cantábrico, o preservamos un paisaje cultural, consecuencia de los usos desplegados sobre él? Y planteo la disyuntiva para territorios en los que los usos ya no están presentes, por la razón que sea. Discutir aquellos usos, u otros, es otro cantar3–5.

La primera opción implica menos intervención, permitiendo que flujos e interacciones desplieguen el cambio relativamente previsible del ecosistema; eso que llamamos sucesión ecológica. La segunda opción implica intervenir, constantemente, para detener ese cambio cierto, constante. Personalmente me inclinaré casi siempre por la primera opción, pero parece claro que hay una disyuntiva que abordar, a poder ser con la mejor información posible. Cualquiera de las opciones planteadas, o cualquier versión alternativa, nos presentará aspectos cómodos e incómodos, ciertos e inciertos, y resultará más favorable para unas especies u otras. Y plantear abiertamente esas alternativas me parece por un lado un ejercicio biológicamente interesante, y quizás socialmente más honesto.

Conservación de la naturaleza no es – a pesar del nombre – una opción conservadora. Implica permitir y observar los cambios, sin garantía de que el resultado sea más placentero para el observador. No obstante, la preservación de determinados paisajes tiene también su miga, en el estado actual de la biosfera, con 7.600 millones de humanidades y sus cachivaches, medrando. En ese contexto que nos toca, podría ser deseable preservar unas hectáreas de turbera costera, porque la ocupación y explotación humana del paisaje no permiten la acumulación de turba en otras zonas. Podría ser deseable suprimir el fuego en esas hectáreas de bosque mediterráneo, las ultimas de su clase, por mucho que el fuego sea una perturbación inherente a ese ecosistema. Y podría ser deseable plantear una reserva estricta para conservar esas hectáreas de bosque salvaje. Ni la preservación de unas ni la conservación de otras te garantizan que todas las especies incluidas se vayan a quedar en tu reserva, o en tu preserva, más allá del folleto divulgativo.

Si por el contrario los ecosistemas primarios contaran todavía con las extensiones previas a la transformación humana del paisaje, podríamos confiar en que las perturbaciones inherentes a ellos (los rayos, las tormentas, los movimientos de tierras, etc.), repartidas de forma cuasi-aleatoria y asincrónica, nos dejarían diversidad de hábitats: jóvenes, viejos, abiertos, cerrados, con mariposas y plantas herbáceas, con pícidos y líquenes, y con grandes carnívoros – siempre raros y recibiendo una ínfima parte de la energía solar incidente – usándolos todos.

En cualquier caso, toca decidir si se quiere conservar o preservar, argumentando por qué, y a costa de qué6. No hay decisiones triviales en conservación, pero podría haber decisiones mejor discutidas.

Referencias
1. Pressey RL et al. 2007. Conservation planning in a changing world. Trends Ecol. Evol. 22, 583–592
2. European Environment Agency. 2014. Eight facts about Europe’s forest ecosystems https://www.eea.europa.eu/highlights/eight-facts-about-europe2019s-forest-ecosystems
3. Halada L et al. 2011. Which habitats of European importance depend on agricultural practices? Biodivers. Conserv. 20, 2365–2378
4. Fischer J et al. 2012. Conservation policy in traditional farming landscapes. Conserv. Lett. 5, 167–175
5. Merckx T y Pereira HM. 2015. Reshaping agri-environmental subsidies: From marginal farming to large-scale rewilding. Basic Appl. Ecol.
Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , | 2 comentarios

Sonogramas con R, y murciélagos

Los sonogramas son representaciones gráficas de – por ejemplo – la frecuencia de las llamadas emitidas por los animales. La distribución de esas frecuencias en el tiempo puede en algunos casos servir para identificar el bicho, o la actividad que desempeña al emitir el sonido.

Hace ya una temporada descubrí en la práctica la posibilidad de asomarse a los murciélagos a través de esos sonogramas, que pueden ayudar a “ver” las criaturas de la noche. Esencialmente, uno sale con un cacharro especializado en hacer audibles los ultrasonidos de los murciélagos, intentando que los vecinos no le asignen la etiqueta de sospechoso. Una ventaja posible es que esos cacharros se pueden parecer a cierta distancia al transistor “de toda la vida”, ese con el que el paisano sigue el fúbol. Las interpretaciones sobre esa apariencia las dejo a cada uno.

Algunos de esos cacharros permiten además grabar esos ultrasonidos (la mayoría de las llamadas de los murciélagos están por encima de las frecuencias audibles para nosotros, más allá de los 20 kHz). Y ahí es cuando el tecnófilo puede realmente dar rienda suelta a su manía de encender el portátil cuando el resto del ocio falla. Lo que sigue a continuación es un procedimiento para pintar un sonograma decente (si bien opinable) con software libre, a partir de una grabación registrada en un archivo *.wav. El procedimiento serviría también para sonidos en nuestro rango audible, como los de las aves.

He usado Audacity para eliminar el ruido de la grabación, y para quedarme solo con el fragmento interesante (que puedes descargar en formato *.wav, mejor con “botón derecho, descargar enlace”). Posteriormente he usado R desde la interfaz proporcionada por RStudio* para “escribir” esta figura:

El código a continuación produce en R exactamente esa figura, a partir del archivo wav descargado anteriormente:

# instala las librerías necesarias
install.packages("seewave", dependencies = T)
install.packages("tuneR", dependencies = T)

# carga dichas librerías
library(tuneR) # lee archivos *.wav
library(seewave) # pinta sonogramas

# carga archivo de sonido en memoria, 
# asumiendo que está en el directorio de trabajo
datos <- readWave("20170508_235618_275khz_edit_1.wav")

# pinta el sonograma, limitando frecuencia y tiempo
spectro(datos, ovlp=80, wl=1024, flim=c(30, 70), 
        tlim = c(1.48, 1.68), 
        collevels=seq(-25,0,0.5), 
        tlab = "Tiempo (s)",
        flab = "Frecuencia (kHz)", scalelab = "dB",
        cexlab = 0.90,
        scalecexlab = 0.90)

Y volviendo de los métodos a la historia natural, el sonograma muestra 5 pulsos de ecolocalización – o sónar – de murciélagos, de menor intensidad en azules a mayor en naranjas.

Muestra que en esa fracción de segundo pasaron delante de los observadores dos especies de murciélagos, a juzgar por las formas distintas de sus pulsos de sónar. El que suscribe, con la imprescindible ayuda en su día del sabio que guiaba, diría que el sonograma muestra a Myotis daubentonii y a Pipistrellus pipistrellus, el primero mucho más especializado que el segundo en hábitats de caza.

Y muestra además que probablemente pasaron 3 individuos, un Myotis y 2 Pipistrellus, dada la mínima separación de las dos llamadas de esta especie sobre la marca de 1.6 s. En ambos casos los emitían pulsos de frecuencia modulada, en todos los casos con amplitudes de banda superiores a los 15 khz. Un patrón alternativo serían frecuencias cuasi-constantes, con amplitudes de banda muy estrechas.

*RStudio no es imprescindible, solo más agradable.

Publicado en docencia | Etiquetado , , ,