Por Mario Quevedo

En una serie de entradas, empezando aquí mismo, intentaré presentar una discusión activa en Biología de la Conservación acerca del concepto Conservation Triage (CT a partir de aquí). Algo así como priorizar los esfuerzos de conservación. Algo así como decidir que especies merecen ser destinatarias de fondos de conservación porque su recuperación es más sencilla.

Tal discusión se recoge en una serie de artículos y comentarios aparecidos en Science, Nature, Conservation Biology y, en 2009, en Trends in Ecology and Evolution. Es decir, algunos de los «más altos foros» posibles en el campo.

Antes de nada, aclarar que he traducido triage como me ha parecido; no parece existir traducción directa. En caso de duda puede servir consultar la definición en diccionarios Inglés-Inglés.

He trazado el uso del término en Biol Cons hasta una revisión en Science del libro The California Condor, a cargo de Stuart L Pimm y titulada Against Triage. Pimm es a mi juicio uno de esos investigadores que no se han plegado a las modas en ciencia, a las ideas preconcebidas en las que caemos a la hora de planear una investigación o presentar los resultados.

A Pimm le cuesta sólo un puñado de líneas dejar clara su opinión acerca del concepto CT (partes traducidas en cursiva y coloreadas). Dice Pimm que el principal argumento de los partidarios de CT es que salvar especies es una batalla, los recursos son finitos, hay demasiadas especies y poco tiempo. Descartad los «heridos más graves» y concentraos en aquellos que se pueden salvar.

A continuación se posiciona: aunque nadie cuestiona la importancia de la asignación eficiente de recursos, CT es «música seductora» en los oídos de algunos gestores. Combina la apariencia de un estilo duro de toma de decisiones con la sustancia de no hacer nada; evita soterradamente la toma de decisiones políticas incómodas. Y lo que es peor, CT inhibe la ciencia.

El argumento a mi juicio más concluyente que Pimm presenta en su aproximación a CT es que salvar las especies más raras avanza las fronteras técnicas en Biología de la Conservación, ya que nada ayuda más a la concentración del investigador que la extinción inminente, nada cuestiona tanto la utilidad de nuestros conocimientos sobre Ecología, Genética y Comportamiento.

Parece que The California Condor debe contener muchas anecdotas acerca de las peripecias de Noel y Helen Snyder con los partidarios de la «no intervención, no más datos» en el célebre caso del Condor de California. Muchas anécdotas acerca de los defensores de «la no intrusión», de permisos de investigación arbitrariamente denegados. No obstante, esa es otra historia.

En la próxima entrada presentaré los argumentos del resurgir de CTa finales de 2008 en:

Un comentario

  1. […] Y más miga aún. La ‘redundancia ecológica’ y su anverso ‘complementaridad’ son conceptos importantes que hace ya más de 20 años entraron en biología de la conservación, por medio del Biodiversity and Ecological Redundancy, de Walker 1992 (GS encuentra pdfs). Resumiendo: partiendo de la premisa de que la capacidad logística y financiera para conservar la biodiversidad es limitada4, qué especies tendrán prioridad en la asignación de esos recursos limitantes. Dice Walker, y dicen otros desde entonces, que serán prioritarias aquellas menos redundantes, aquellas que no pueden ser reemplazadas al ejercer una función en la comunidad. Y esa es la base del concepto conservation triage, del que me acordé gracias a mi virus en la sanidad local. Algo escribí también aquí, hace tiempo. […]

Replica a Especismos, humanismos, conservación. ¿Cómo sigue la canción? | Cantabricus Cancelar la respuesta

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