Por Mario Quevedo, en Cantabricus
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Uno creció a lo alto primero y después ancho con la mentalidad anti-nuclear, tan frecuente en el entorno ecologista. Y a uno le cuesta mucho dejar de lado esa mentalidad, así como obviar los accidentes graves que recuerda. Ese es el escenario personal.
Mientras, por la profesión uno lee y enseña que los niveles de CO2 – y la disrupción climática asociada – aumentan. Y uno lee y enseña que ni las más favorables predicciones demográficas nos dejan muy por debajo de 9.000 millones de humanos en 2050 (por ejemplo, aquí).
Y hace unos años uno empieza a oír voces alguna voz, cauta pero discordante con la línea ecologista (environmentalists en el mundo anglosajón) para la que la energía nuclear es un NO.

Hace menos años empieza uno a leer, de fuentes a priori serias, que las renovables no serán suficiente para domar el incremento de CO2 (estimas e.g. aquí), ni siquiera con un incremento imprevisible de eficiencia. Lee uno también que las patologías y muertes anuales asociadas a la producción energética vía combustibles fósiles hacen palidecer cualquier cifra asociada a las nucleares, aunque obviamente reaccionamos mucho menos antes los males crónicos que ante los agudos. Por cierto, de esos males crónicos sabemos mucho en mi tierra de carbón y térmica. Algunos conocidos ecologistas se hacen eco en los medios anglosajones, y se produce debate, que no es simple el asunto.
Y va subiendo el tono y número de las voces en las que uno confía, al menos para otros temas, uniendose al coro; apuntando además nuevas posibilidades tecnológicas como los Integral Fast Reactors, supuestamente capaces de reutilizar su combustible minimizando mucho los residuos. A la vez, se cuestionan las implicaciones de almacenar esos residuos.
Y en diciembre de 2014, en open-access para que todo el que quiera lea y discuta, Conservation Biology publica Key role for nuclear energy in global biodiversity conservation, de Barry W Brook y Corey JA Bradshaw. Simultaneamente, los autores publican una carta abierta a los ecologistas sobre la energía nuclear (An Open Letter to Environmentalists on Nuclear Energy), secundada por decenas de líderes en ecología y conservación.
Diría que hay partido. A ver quién se anima y sabe jugar. El nivel es muy alto.
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